martes, 30 de abril de 2013

Leyendo Las bicicletas son para el verano de Fernando Fernán Gómez. Nivel II

Las bicicletas son para el verano es una obra de teatro de Fernando Fernán Gómez (1978) y una muestra espléndida del proceso que sufre una familia normal durante la Guerra Civil española. La historia muestra la pérdida de las ilusiones, deseos, anhelos que cualquier familia normal puede tener. Pero esa pérdida afecta tanto a padres como a hijos.

Es una demostración impactante del "frenazo en seco" que produce ese hecho denostable que fue la Guerra Civil en la vida de sus personajes, principalmente en Luis, el hijo que desea la bicicleta para el verano. Como Fernando Fernán Gómez, que en la época que retrata tenía la misma edad que él.

La Guerra Civil sirve de marco para que Fernán Gómez se centre en el devenir de los días de una familia de clase media, con trabajo, ideas republicanas - las de don Luis, al menos - , con dos hijos, Manolita y Luis. La obra se centra en esa pérdida del control de su vida durante la guerra. Sin embargo, la Guerra Civil juega un papel secundario. La vida de la gente corriente en un proceso histórico - lo que Unamuno llamará la "intrahistoria"- es lo que vemos. La intención de mantener la "normalidad" del día a día de doña Dolores, de toda la familia, nos enternece.

Y está tan magistralmente contado que poco a poco vamos sintiendo una desazón tan profunda como los personajes. De  la alegría inicial, fresca, pasamos a la preocupación, cuando estalla la guerra. Luego, a la indignación por el golpe de estado. Y, más adelante, al miedo cuando se sienten los primeros bombardeos, cuando se siente la guerra tan cerca de ellos, de nosotros. Para continuar con la perplejidad que nos suscita la boda necesaria de Manolita, el divorcio de doña Marcela, el lugar de Basilio y María, la narración de una vida mejor en Valencia, que cuenta Anselmo... Y, por último, la tristeza que trae la resignación de verse pobre, hambriento, sin nada más que la vida. El conformismo con ser los vencidos, sin intención de participar en el conflicto, y pagar por ello. Pero el epílogo de la obra, además de todo esto, nos deja la incertidumbre amarga del porvenir que les espera a los personajes.
 
Don Luis, con sus ideas revolucionarias, que piensa que la República ayudará a realizar, se enfrenta con situaciones, como la de María, ante las que tiene que contradecirse a sí mismo. Ya nos plantea, casi desde el principio, que su idea de escritor, de ser Máximo Gorki, pasó a ser un sueño. Por si fuera poco, sus sueños de madurez también se diluirán, como los de su juventud. Por otra parte, parece intuir que desaparecerá de la escena de su familia. Bien porque le lleven a un campo de concentración, bien porque no sobreviva. Entonces es cuando cede el testigo de cabeza de familia a su hijo Luis.

Doña Dolores, su mujer, nos sorprende en su delicadeza con sus hijos y marido, su sensatez y su lógica en que acabe la contienda y llegue la paz. La ansiada paz que hasta a ella le deja vacía.

Manolita, el personaje que quería ser actriz, compartir el amor con su pareja, de la que se queda embarazada, y al que pierde en la contienda. Pasa a ser "viuda" de un hijo nonato y acaba siendo madre que entiende que debe casarse con Julio para, al menos, dar una estabilidad a su hijo. Y, para colmo, hasta al pobre Julito lo mata un obús. En definitiva, se encuentra como madre soltera (y dos veces viuda) en el inicio de la posguerra. Una situación dantesca para la época.

Y Luisito, el personaje que evoluciona sin querer hacerlo. El que es obligado a dejar su inocencia, su diversión, su amor, sus versos, a Charito...su bicicleta. Porque la bicicleta tiene esa simbología de "ser para el verano", de ser para el asueto, el gusto de no hacer nada, el placer de las tardes calurosas que se pasan con los amigos...con el primer amor. Y, de pronto, en tres años, todo esto cambia y se convierte en un medio de subsistencia, si la hubiera tenido, claro. La necesidad de ser chico de los recados (sin bicicleta). De ser el hombre de la casa, como le anuncia su padre, don Luis, porque alguien tiene que llevar dinero a casa "del que vale, no de esas estampitas". Para apagar el hambre atroz que han sufrido durante la guerra y que vemos reflejado en la escena de las lentejas - otro símbolo de resistencia del Madrid republicano.

La bicicleta es la pérdida del verano y todo lo que va relacionado con él. De ahí la frase lapidaria que cierra la obra y que pronuncia don Luis: "Sabe Dios cuándo habrá otro verano". Sabe Dios cuándo se podrá volver a pensar en disfrutar del verano, en no hacer nada, en recuperar la inocencia, el amor, el placer, tras una Guerra Civil que acabó con todo.

La película de Jaime Chávarri es estupenda también. Y aunque cambia algunas cosillas respecto al texto escrito, nos ayuda a comprenderlo mejor. Recordad que habrá que relacionar determinadas escenas de ambas. En este enlace os dejo la relación de la obra y la película: Bicicletas relación con cine

Presentación de Montserrat Muntané Barceló





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