martes, 5 de febrero de 2013

Lo pueblos ignorantes son más fáciles de engañar

Nuestra gansada
El Carnaval está a punto de comenzar. El momento de jolgorio, locura, desenfreno antes de la llegada del equilibrio, el recogimiento, el saber estar de la Cuaresma.

Una de las cosas que más me gustan del pre-Carnaval es el concurso del Carnaval de Cádiz en el Teatro Falla. Es una explosión de ingenio, agudeza, ironías y gustos por la risa frente a la desesperación y el decaimiento moral.

En Cádiz, el Carnaval es fundamental. Allí, se vive para el Carnaval, pero no en el sentido que lo hacen en Santa Cruz de Tenerife o en Río de Janeiro. En Cádiz, la chispa dura todo el año. En este periodo, se muestra de una manera más formal, pero también más brillante.

Ya os he comentado que el que se desarrolla en el Falla es el oficial, pero que en las calles de Cádiz se pueden encontrar comparsas, chirigotas o grupos de amigos que, disfrazados con cualquier cosa - porque Cádiz es así, les vale cualquier cosa -, nos dedican su ingenio a raudales con rimas que ponen a muchos personajes en su sitio.

El Carnaval en Cádiz no es un derroche de esplendor y belleza como en otras partes. Es un derroche de gracia y salero; de risas y desahogos; de alivio de la crisis y de otras muchas cosas. El Carnaval gaditano nos sirve de espita para que salgan todas nuestras preocupaciones y angustias del año. Funciona como una olla a presión que libera su vapor, aunque nos deje el interior recocido.

Siempre me gusta ver los cuplés, los pasodobles que cantan, llenos de ese pellizco que te hace sonreír, de ese punto quevediano que tienen. Porque son Carnavales muy quevedianos. Me gusta compartir los que me parecen más graciosos e inteligentes con todo el que puedo. Me gusta compartir esa liberación de presión mediante la risa. La risa hasta la lágrima.

Pues bien, este año, en el que ya he llorado hasta la extenuación por las carcajadas, he encontrado algo magnífico. Es tan sencillo como no olvidarnos de nuestra labor. El reconocimiento por parte de una chirigota, "Los auténticos tíos de la tiza", a la situación tan lamentable de la educación. Van disfrazados de profesores de distintas asignaturas, - maestros, en Cádiz siempre se dice maestros - con una tijera abierta a la altura de la ingle; para recortar. Total, solo nos queda que nos recorten la femoral, y no creo que nos sorprendiera. En este vídeo que os he dejado aparecen con la camiseta verde reivindicativa de la Escuela Pública. Os he dejado la letra de la chirigota debajo, para que la veáis más clara.

Os animo a ver la interpretación completa de veinte minutos, la interpretación y los disfraces están muy trabajados. O las de las chirigotas "Las verdades del banquero" o "Los de gris" (no es lo que parece, y juegan gris-Grease). Todas son geniales. Porque aquí, aunque nos falte mucho de todo, nos sobra genialidad. Disfrutadlo.




Con la camiseta verde
me uno a la lucha diaria,
y a todos los profesores 
hoy les presto mis canciones
y la paga extraordinaria.
Mi profesión es muy digna,
nadie lo puede negar.
Pero no perdonaría
al que le enseño un mal día
a Rajoy a recortar.
Mientras se gastan en subvencionar
a los partidos, millones,
a la educación la ahogan 
y los maestros que se jodan,
tienen muchas vacaciones.
Y así nos siguen callando,
porque nos faltan cojones.
Lucha conmigo por tus hijos,
por tu pueblo, por ser libre.
Lucha por la educación, que sea de todos,
que no se distinga.
Los mimbres del mañana
no los dejes recortar,
que los pueblos ignorantes
son más fáciles de engañar.
El milagro más grande
que un maestro puede ver
es la cara de un niño
cuando comienza a leer;
que piense por sí solo
y jamás piensen por él.
Lucha conmigo para que se enteren ya.
No se vende la escuela, que no se ahorra en educar.
Quieren un pueblo ignorante, quieren un pueblo perdido.
Sshhh.
Quieren un pueblo ignorante para aprovecharse de un pueblo perdido.
Si me he vestido de verde,
es porque creo en la esperanza
y en el futuro de los míos.






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