lunes, 26 de mayo de 2014

Te regalo mi placer: Alba nos regala "Platero y yo" de Juan Ramón Jiménez


Hace dos años, estuvo con nosotros Alba Blasco. Alumna del Nivel II de La Cabrera, de sensibilidad superior a la media, comenzó una iniciativa que duró ese curso y con algunos de los compañeros de su clase. Alba es una artista cerámica ahora. He tenido el placer de volver a encontrarme con ella en la salida extraescolar que realizamos en febrero y me ha eneñado algunas de sus creaciones. Algunas son estas máscaras diabólicas que tenéis a izquierda y derecha. Una maravilla, sin duda. 

De ese momento, surgió esta etiqueta "Te regalo mi placer". Ya habéis leído algunas entradas que etiqueto así. En ella, están los textos que nos sugirió Alba y que eran un placer para ella leerlos. Quería compartiéramos ese disfrute de la lectura. 

Pues bien, buscando entre las entradas que tengo entre mis borradores, he desempolvado esta que me dejó Alba a final de curso y que, por falta de tiempo, no pude colgar en su momento. Sin embargo, ahora ha resultado ser más adecuado, puesto que se trata de Platero. Platero y yo de Juan Ramón Jiménez cumple este año cien años de su publicación en 1914. 

Mi homenaje a la maravilla lírica y etérea de Platero, a uno de mis poetas preferidos -casi el que más- y a Alba, por nuestro reencuentro. 

Os lo muestro tal cual lo monté en su momento, tal y como me lo envió Alba.

En esta ocasión, tenemos el placer de leer o releer dos cuadros del libro Platero y yo de Juan Ramón Jiménez. Y es, de nuevo, Alba Blasco, alumna de Nivel II de La Cabrera la que nos trae aquí los textos y los comentarios que le han generado.
 
CXXXII

LA MUERTE

Encontré a  Platero echado en su cama de paja, blandos los ojos y tristes. Fui  a él y lo acaricié  hablándole y quise que  se levantara....
El pobre se  removió todo bruscamente, y dejó una mano arrodillada..... No podía..... Entonces le tendí su mano en el suelo, lo acaricié de nuevo con ternura y mandé venir a su médico.
El viejo Darbón, así se lo hubo visto, sumió la enorme boca desdentada hasta la nuca y meció sobre el pecho la cabeza congestionada, igual que un péndulo.
        -Nada bueno, ¿eh?
No sé que contestó... Que el infeliz se iba...Nada... Que un dolor... que no sé que raíz mala... La tierra entre la yerba...   
A mediodía, Platero estaba muerto. La barriguilla de algodón se le había hinchado como el mundo, y sus patas rígidas y descoloridas, se elevaban al cielo. Parecía su pelo rizoso ese pelo de estopa apolillada de las muñecas viejas, que se cae al pasarle la mano, en una polvorienta tristeza...
Por la cuadra el silencio, encendiéndose cada vez que pasaba por el rayo de los de la ventanilla, revolaba una bella mariposa de tres colores...

CXXV

MELANCOLÍA
     
Está tarde he ido con los niños a visitar la sepultura de Platero, que está en el huerto de la Piña, al pie del pino redondo y paternal. En torno, abril había adornado la tierra húmeda de grandes lirios amarillos.
      Cantaban los chamarices allá arriba, en la cúpula verde, toda pintada de cenit azul, y su ritmo menudo florido y reidor, se iba en el aire de oro de la tarde tibia, como un claro sueño de amor nuevo.
      Los niños, así que iban llegando, dejaban de gritar. Quietos y serios, sus ojos brillantes en mis ojos, me llenaban de preguntas ansiosas.
       - ¡Platero amigo! -le dije yo a ala tierra-;si, como pienso, estas tu ahora en un prado del cielo y llevas sobre tu lomo peludo a los ángeles adolescentes,¿Me habrás, quizá, olvidado? Platero dime: ¿te acuerdas aún de mí?
        Y, cual contestado mi pregunta, una leve mariposa blanca, que antes no había visto, revolaba insistentemente, igual que un alma, de lirio en lirio...

     Un libro que siempre me hace llorar. Tan hermoso que caló mi corazón profundamente… Su poesía me tiene cautiva...
No tengo palabras, sólo sentimiento.
Gracias a Juan Ramón Jiménez y su mariposa blanca.

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